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lunes, 26 de julio de 2010

De la soledad de Taz

El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.

El Aleph, José Luis Borges


Me metí en la cama, abrí la botella, doblé la almohada y me la ajusté bajo la espalda. Respiré con ganas y me quedé sentada en la oscuridad mirando por la ventana. Era la primera vez que me había quedado sola en cinco días. Yo era una mujer que me alimentaba de soledad. Sin ella era como cualquier otro, privado de agua y comida. Cada día sin soledad me debilitaba. No me enorgullecía de mi soledad, pero dependía de ella. La oscuridad de la habitación era fortificante para mí como lo era la luz del sol para otros.

De repente la habitación se llenó de luz. Hubo un traqueteo y un rugido. Oscuridad, luz, oscuridad. Me pareció que estaba siendo visitada por cientos de demonios que ni el Diablo mismo podría aguantar.

Me levanté y me puse mi traje nuevo.

8 comentarios:

Nrq dijo...

Si hay algún relato que yo querría mantener llegado un escenario como el de Farenheit 451, sin duda sería La Casa de Asterión (seguido por El Inmortal y el propio Aleph, pero primero Asterión). Como Asterión desconfío de gente "plana como la palma de la mano". Si bien él lo refería al rostro, yo a la actitud ante las cosas. De ahí mi rechazo a ciertos telediarios, cierta prensa escrita (de ARs, sálvames y demás programas del pelo ni hablamos), que logran dejar al mismo nivel de fertilidad intelectual el estreno de "El Internado" con la aprobación del Health Care.
Asterión no sabía leer. Impaciencia, según él, que le privó de ratos de dispersión, porque los días eran largos. En mi soledad lo que busco es leer y alimentar la cabeza, pero como Asterión me gusta, de vez en cuando, echarme a dormir sin conciencia de la hora (puntos a favor de la soltería).

Gracias Tasmania.

Tasmania dijo...

Muy agudo N

Asterión no desconfiaba de las caras de la plebe, aplanadas y descoloridas como la mano abierta. No. Asterión las temía.

Hay otra (de tantas) en La casa de Asterión que a mí me enreda hasta el punto de la locura:

"La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo"

Nrq dijo...

o "hay dos cosas que parecen estar una sola vez: arriba el intrincado sol. Abajo, Asterión"

Yo creo que el temor de Asterión nace de la desconfianza. Sabe que hay un salvador fuera, pero teme / desconfía de cualquier otro, ya que un mal grito o un mal ánimo puede hacer que muera a manos de una turba, en vez de obtener su justa muerte en lucha con un Teseo. Si alguien me vence, que sea alguien del que sepa que se enfrenta a mí dominando su miedo, no como consecuencia de la ira que genera el pavor.

Louella Parsons dijo...

Querida Tasmania: dicen que uno nunca miente cuando habla de su soledad.

Mi experiencia con la soledad (no buscada) me ocurrió hace muchos años.
Perdí a una persona queridísima. Tragedia.
Y si recuerdo pena, rabia, impotencia…….pero recuerdo, sobre todo, la inmensa soledad que no dejó de acompañarme a todos los sitios y sin descanso al comienzo de mi duelo.
Vivía sola aunque estuviera rodeada de gente porque nadie podía hacer nada por mi.
Sola acompañada por mi soledad
¿Recuerdos? Los quería, los necesitaba pero estaban en algún sitio y no los encontraba.
Soledad asfixiante.
Un día empezaron a llegarme cosas como la nostalgia la cual recibí agradecida y, por supuesto, los recuerdos. Y ya me empecé a sentir acompañada.
Fue extraño.

Artanis dijo...

Admiro a la gente que sabe soportar la soledad. Más aún, si conscientemente la escoge. A veces, puede haber un trasfondo de orgullo. Espada está haciendo crónicas desde el château de Montaigne, quien se retiró para no ser visto por sus contemporaneos, cuando percibió el aliento de la senectud y la pérdida de facultades (claro que en esa época, fue a la edad de 38 años).

Pero, a veces, el solitario encuentra a otra persona (¿solitaria?) en el trancurso de "esta noche perpetua, que va meciendo este gran ataud" (Aute) y se agarran el uno al otro, descubriendo algo que no son soledades compartidas. Eso suele ser un matrimonio (calma... no siempre). Es otra cosa. El encuentro inesperado con un reflejo, en un espejo que no esperabas encontrar, al fondo de un pasillo.

La Literatura puede ser un buen punto de engarce para identificar a personas sincronizadas entre ellas, que quieren saber si han leído lo mismo y entendido de similar manera el mismo texto.

¿Cambiará el libro electrónico el tópico de que quien presta un libro pierde el libro y pierde al amigo? Mañana (hoy) se entregarán copias...

Patricia dijo...

"Admiro a la gente que sabe soportar la soledad. Más aún, si conscientemente la escoge. A veces, puede haber un trasfondo de orgullo."

A veces también, D. Artanis, lo que hay es un trasfondo de miedo. Es más fácil apartarte y mantener la imagen idealizada que de uno mismo pueda tener el resto, que lidiar con la "realidad doméstica vulgaris hardcore" (Eva dixit) y correr el riesgo de que descubran tus defectos y te desmitifiquen.

A mí la soledad me trae paz. Una paz triste a veces, como de lluvia mansa, pero paz a fin de cuentas.

Juante dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Juante dijo...

¡Vaya!

Funesta coincidencia la del amargo día 26. Luna llena. Estaba cerca de la Alhambra. Y había una alambrada de recelo, oscuridad y obcecación infame que me acompañaba con estridente risa infantil y cínica.

Brotaba agua fresca y sangre en cascadas por la salvaje herida, infligida con aplomo y sin piedad alguna por la dulce loba.


(Nota bene: aunque los comentarios son del 27, presumo que el post es del 26.)