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viernes, 8 de octubre de 2010

héroes

Yo siempre he dicho que quiero llegara a los 40 como llegó Sting. A veces, después de nadar tres o cuatro veces a la semana, de correr 10 km otras tantas y algo de bicicleta y ver que avanzo poco, me conformo con llegar a los 40 como Sting a los 60. Pero todo esto no es más que una gran mentira porque lo que realmente deseo es ser como nuestro apreciado David de Miguel Ángel; 500 años, todo el pelo en la cabeza, una forma física envidiable y un abdominal duro como una piedra. Cuando hace unos días hablábamos de él me acordé de uno de esos momentos de mi infancia en el que todo padre quiere estar presente; la primera visita al Museo del Prado.
Les cuento; fui con mis padres y mi hermano y de esa visita me acuerdo de dos momentos. El primero los dos cuadros que hay, uno de ellos de Goya, en el que Saturno aparece devorando a uno de sus hijos. Ver dos cuadros del mismo tema me hizo pensar en "¿cómo no he oído hablar de esto antes si parece tan popular?"… bueno, seguro que la frase no estaba tan bien construída, a fin de cuentas debía tener  siete años, pero ya cogen la idea. El segundo fue en frente de las Tres Gracias de Rubens, momento en el cual mi padre dijo; "Las modas cambian y en esa época gustaban las mujeres con este tipo". Mi padre, un adelantado, dijo "mujeres con este tipo" y no "este tipo de mujeres" siendo cauteloso con futuras acciones legales por machismo e incorrección política.
Pues al hilo de todo esto (misterios de la mente), me acordé del cuadro de David (el pintor francés en esta ocasión y no el monarca de Israel) de Leónidas en la Termópilas que está en el Louvre, en una esquina, al principio de una sala en la que también se encuentran El Rapto de las Sabinas o La Balsa de la Medusa. En el cuadro del Louvre Leónidas representa un momento político importante en la historia de Francia y es la primera abdicación de Napoleón. Es la figuración de la situación del ya-no Emperador a través de un rey de físico muy fuerte, al igual que el del resto de sus hombres, a punto de entrar en la batalla a sabiendas de que acabarían muriendo todos. El Rey Leónidas, símbolo de la resistencia y la lealtad desde la antigüedad, completamente armado, medita acerca del destino que les espera y la muerte cierta a la que van, mientras sus hombres enfervorecidos inscriben en la roca "Viajero, ve a Esparta y di que, obedientes a su ley, perecimos".
Propaganda.
Un enfervorecido militante de la figura de Napoléon, Jacques-Louis David, compara a un emperador que quiso someter a toda su zona de influencia con, precisamente, un héroe que defiende una ciudad y su independencia del acoso y codicia de un emperador que tenía dominada toda su zona de influencia. La leyenda, el vacío de conocimiento histórico, la necesidad de crear y mantener héroes y, sobre todo, el interés político, llevan desde hace mucho tiempo siendo las fuentes y los motivos de que ecumbremos como semiDioses a seres humanos que acaban creyendo el papel en el que se les quiere retratar y, en la mayoría de las ocasiones, fracasan. Ni siquiera el esclavo que acompañaba en el carro al militar victorioso romano era suficientemente disuasor; "recuerda que eres mortal".


Hoy en día son las elecciones las que recuerdan que uno es mortal. Lo malo es cuando, por muy mal que lo hagas, te siguen eligiendo. Indefectiblemente en ese momento crees que lo que haces mal, es bueno.

4 comentarios:

Unknown dijo...

"Lo malo es cuando, por muy mal que lo hagas, te siguen eligiendo. Indefectiblemente en ese momento crees que lo que haces mal, es bueno."

Y lo peor es cuando, como en el cuento de "El traje nuevo del Emperador", ninguno de los que te rodean te saca del error, bien sea por miedo, ignorancia, instinto de conservación, pereza, status, etc.

Es entonces cuando se necesita la lucidez y sinceridad de un niño (o de un loco) para decir la verdad.

Me temo que estamos exactamente en este caso.

Louella Parsons dijo...

Lo malo es cuando, por muy mal que lo hagas, te siguen eligiendo. Indefectiblemente en ese momento crees que lo que haces mal, es bueno.

Y peor es cuando el votante aun sabiendo que lo hace mal le sigue votando por admiración, simpatía, por una adoración incomprensible o por la seguridad de lo malo conocido.

Farsantes, caraduras, inocentes marionetas, …..hay muchos candidatos a semidioses. Y muchos más los que sacan partido encumbrándolos.

A veces hay una parte cruel en todo esto.
Creamos a un héroe pero a la menor equivocación, a la menor muestra de que es como nosotros, lo destronamos sin piedad relegándolo a más profundo de los olvidos.

Mientras iba escribiendo este post me he acordado de la novela de Unamuno ”San Manuel Bueno, mártir”.
Un párroco cuyo magnetismo y bondad consigue convertir hasta al más laico, dar consuelo a los necesitados, tener la parroquia llena…..pero su tragedia personal era que él, no creía. Todo lo que trasmite a sus feligreses no puede aplicárselo a él mismo. ¿Es un farsante? Sí y no. No había más intereses en su vida que hacer el bien y lo conseguía. Y nadie (salvo uno de los protagonistas y al que no le importó) se enteró de su verdad.

(Muy bueno el comentario de su padre, don Nrq, sobre las Tres Gracias)

Tasmania dijo...

Vaya vaya N, "El rapto de las Sabinas" "La muerte de Marat" "La Coronación de Napoleón y Josefina"

Las Sabinas, la paz entre el terror o el amor como esperanza... quién sabe. También yo rindo homenaje a David.

Unknown dijo...

No me puedo quejar, he llegado a los 40 muy dignamente: con toda la cabellera-que aún pasados los 50 conservo-sin barriga y haciéndo ejercicio diariamente: actualmente solo conservo la cabellera, pero canosa. No me gustaría ser un David de Miguel Ángel con sus tabletas de chocolate en el vientre porque yo tengo la suerte de la vida, que te deteriora pero te engrandece; sé envejecer con dignidad.
Del Museo del Prado recuerdo La Anunciación, de Fra Angélico, antes visualizada en diapositivas que nos pasaba y nos comentaba nuestro profesor de Historia del Arte en mi adolescencia. Ante el cuadro reconocí al Arcangel Gabriel y, a la derecha, a la Virgen con el niño en brazos, con su manto azul. El éxtasis que sentía fue gratamente interrumpido por un grupo de estudiantes adolescentes y su profesor, que comenzó a explicar a sus alumnos, con la misma pasión que mostraba mi mentor, las características y el significado del cuadro, destacando el manto de la Virgen y cómo había sido realizado: con lapislázuli pagado por el mecenas que encargó el cuadro. Yo tenía 40 años y me sentí adolescente, escuchando atentamente las explicaciones de aquel profesor, joven y apasionado por su trabajo, transmitiendo sus conocimientos y su pasión a sus jóvenes alumnos. Años más tarde, D. Evaristo pasó por mis manos, envejecido y caduco, junto a su esposa, tan elegante y pizpireta a pesar de los años, que también había sido mi profesora de matemáticas, y le enseñé una reproducción de un cuadro de Van Gohg que tengo en mi lugar de trabajo: D. Evaristo, ¿conoce usted este cuadro? Lo mira y sonrie ¡Claro que lo conozco, es una obra de Van Gohg! Su mujer me pregunta si he sido alumno de su marido y le contesto que sí, que también he sido alumno suyo en la asignatura de matemáticas y que las enseñanzas de ambos me han servido mucho en la vida: descripción de un estilo arquitectónico, en mis viajes, y que un logaritmo en base B de un número es el número al que hay que elevar B para obtener dicho número. No sigo comentando.
Al hablar de héroes sólo podremos hablar de los mitológicos o de los que todos hemos conocido: personas mortales, anónimas pero que viven en la mente de muchas generaciones por haber hecho bien su trabajo.