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lunes, 4 de octubre de 2010

Glenn

Hay dos conmemoraciones en el mes de octubre y, espero, que ambas caigan en el día que me toca escribir en la zodiac. Una es hoy. Hace 28 años moría Glenn Gould. Tienen en librerías cantidad de libros sobre Gould, biografías anecdóticas o completas. Yo es recomiendo Piano Solo de Michel Schneider. No por nada en particular, sino porque fue la que primero leí hará ya 15 años y es la que yo conozco más alejada de la vacua "fiebre Gould" que se extiende desde 5 años a esta parte: el mercado descubrió a un loco obsesivo y eso es un reclamo publicitario descomunal, como lo fue Morrison, Joplin, Van Gogh, Dalí… o lo que le falló a Picasso para romper los records de leyenda y, claro, esto vende y siendo música clásica (música culta la llaman en TeleCinco en sus programas de las 5 de la mañana. Ahí, apoyando), pues encima pareces docto. Pero Schumann era tan obsesivo y estaba tan pirado como Gould, si de alguna manera esto podemos establecerlo como una competición. Pero mientras Schumann era un gran compositor y un buen pianista, Gould era un gran pianista, un compositor discreto, un escritor prolífico, un buen comentarista de radio, un gran (cuentan) concertista, un fantástico educador... Si no quieren entrar en frío en la biografía de Gould, busquen 32 Short Films about Glenn Gould, que en España, tan creativos para lo innecesario, tradujimos como Sinfonía en Soledad (porque iba a tiro hecho, que como tuviera que haber ido al cine por el título… soledad, desde luego). Efectivamente son 32 cortos en los que un gélido Colm Feore (qué gran papel de abogado hace en The Insider) interpreta a Gould, pero no afinado del todo. Le da un toque místico que contrasta con las entrevistas que de él pueden ver en youtube, por ejemplo. No obstante la película intercala episodios interpretados con entrevistas reales a gente que conoción a Gould. Me gusta destacar 3 de ellas:
La de su afinador de pianos, en la que, cuenta lo mucho que le respetaba por que le llamaba meses antes para concertar una cita, cuando la mayoría de sus clientes le llamaban con urgencia para que acudiera, a aser posible, ayer. Esta anécdota no sólo demuestra lo atento y educado que era el canadiense, sino también el profundo respeto que tenía por su piano (siempre quedará asociado a Gould el CD 318 de Steinway).
La segunda la de Menuhin que, hablando en francés, describe el contraste entre Gould y él; "demasiado artificioso para mí".
La tercera en la que una amiga suya habla de cómo le despertaba a las 3 de la mañana para hablar, leerle algún escrito o, incluso, tocarle una pieza de piano a la que no encontraba el punto.
Y, como no, la de Hamburgo, en la que hace escuchar una interpretación suya de una obra de Beethoven a una camarera del hotel en el que se aloja, por supuesto en la habitación 318.


Gracias a Steinway tuve mi "un grado de separación" con Gould hace ya más de 10 años. Estaba viviendo mi aventura americana y hubo un día en el que tuve un desengaño laboral muy fuerte. Trabajaba en una galería en la 57 y, bastante tocado, subí la calle y crucé la 6ª avenida. Me quedé mirando en el escaparate de Steinway un rato y decidí entrar. Desde fuera se veía un salón altísimo, con pianos distribuídos por él, pero no muchos ni muy pegados. Paredes de color crema y una mesa esquinada. Entré y conocí a Mr Tucker, un señor de unos 80 años con el que entablé conversación a costa de una pequeña exageración por mi parte. Pues bien, Tucker conoció a Gould, lógico por otra parte, y con él recorrí los salones del interior de la tienda dónde se alojaba un modelo de piano distinto en cada uno de ellos. Hace poco volvía a Nueva York y me quedé de nuevo medio bobo delante del escaparate. No quise entrar porque aquel día Mr Tucker me dio toda la tranquilidad que necesitaba. 


En definitiva, Gould para mí es la afirmación de la sobriedad, de la no necesidad de la ornamentación ni del exceso para transmitir emociones. El painista que hizo del stacatto la vía más sólida para apreciar la belleza de lo que se revela desnudo. Artanis, usted me entenderá si le digo que lo que Gould hace con las composiciones de Bach o Beethoven es como una mujer que no necesita maquillaje.
¿Recomendación para hoy? Las transcripciones de Liszt de las sinfonías de Beethoven. Es música de otoño

17 comentarios:

Artanis dijo...

D. NRQ... por desgracia, mi muy limitado talento para la percepción técnica -más allá del mero disfrute orgiástico- de la música en general y de la clásica en particular, no me hacen el mejor juez para Gould y otros artistas de peculiaridades semejantes. Mas le agradezco que crea que puedo evaluar la belleza en comparativa con el atractivo desnudo, sin afeites ni artificios, de las más bellas criaturas que nos rodean y ante las que estamos -vd. y yo, literalmente- dispuestos a rendirnos.

Eso sí... aún hay clases. Vd. usaría para la rendición emocional a Gould y yo a Mancini... o buscando la cúspide emocional, el tema final de Delerue de "Ricas Y Famosas" o algunos momentos escogidos del Herrmann más pasional. El de "Vértigo", por ejemplo.

Eso sí, recapitulando y releyendo este post que estoy a punto de colgar, no puedo dejar de preguntarme qué clase de dama se arrebuja en su compañía con Gould como rúbrica musical y no puedo más que felicitarle por su caza. (No me lo chafe ahora diciéndome que lo escucha a solas...)

Louella Parsons dijo...

Efectivamente, don NRQ, Glenn Gould no necesita ni aspavientos ni ornamentaciones para transmitir emociones. Su interpretación es asombrosamente sobria. Pero su indudable atractivo físico, su peculiar forma de sentarse frente al piano, su canturreo mientras toca, su cutre y pequeño taburete que se lo llevaba a todos sus conciertos porque sólo podía tocar en él…todos estos detalles sí que hace que tengas cierta predisposición a escucharle con más atención, aunque es cierto que sin su genialidad, por mucha puesta en escena que tenga, nunca te llegaría a conmover.

Sin embargo no puedo decir que GG me guste siempre. En algunas de sus interpretaciones por ejemplo, el stacatto no siempre me resulta cómodo y por tanto no consigo disfrutar de esa sobriedad o como lo ha definido usted magníficamente de ”la belleza de lo que se revela desnudo”.
En otras obras, sin embargo, esa sobriedad sí logra envolverme en una pureza y en una soledad absolutamente turbadoras.

Me entusiasman, cómo no, sus Variaciones Goldberg, y por supuesto, y su increíble forma de interpretar a Bach pero no me gusta, sin embargo, cómo toca mis sonatas de Beethoven. Su exasperante lentitud en algunos momentos no ha conseguido convencerme.
Un genio, sin duda, que aumentó su leyenda, como suele ocurrir en estos casos, al morir joven.

(¡Ah, y gracias don NRQ por los 32 Short Films about Glenn Gould. No los conocía)

Nrq dijo...

Mr Artanis, el piano es un instrumento solitario. Cierta música no se puede escuchar acompañado porque tendemos a proyectar como expectativas en el otro nuestras emociones al escucharla y, normalmente, salimos decepcionados. La música es un recorrido y cada uno lo lleva a su ritmo por la senda que más le atrae.

Nrq dijo...

¿Lo ven? Para Ms Parsons las sonatas de Beethoven tienen una manera de ser interpretadas, a lo mejor más ornamentada. Posiblemente Arrau, Pires o incluso Zimerman (si es Richter, tenemos un conflicto de concepto). Pero para mí Gould es el cómo que Beethoven tenía en la cabeza, y si no que se lo digan al principio del segundo movimiento de la 9ª

Louella Parsons dijo...

Don NRQ, ¿ha oído usted el 2º mov del concierto nº 4 de Beethoven

Para mi, sólo puede ser interpretado con sobriedad y seriedad. Nada de adornos ni florituras, a las que por otra parte, no soy nada aficionada, por cierto. Creo que se me ha interpretado mal.

En las sonatas, más que a la ornamientación, yo me refería a la pasmosa lentitud.

Nrq dijo...

Me alegra ver, Ms Parsons, que no es de los que creen que saben de música porque dicen que las pares de Ludwig no valen tanto como las impares

Artanis dijo...

Bueno, bueno... D. NRQ...

Me guardaré mis buenos deseos de que escuche vd. a Gould en grata compañía.

Todos tenemos actividades que preferimos ejercer en solitario que a cuatro manos...

Louella Parsons dijo...

La búsqueda de la perfección a menudo se convierte en una obsesión para los intérpretes que no logran nunca estar completamente satisfechos con el resultado de una interpretación.

Sandor Marái (espero que perdonen tanta alusión a este escritor húngaro) escribió una novela en la que el protagonista, un pianista famoso, de tanto buscar la perfección, el detalle y todos los secretos de la interpretación, termina perdiendo la “vivencia” de la música, el “sentido” de la música. Y lo describía de esta manera:

El arte es siempre cuestión de detalle. Bach no está únicamente en el “conjunto”, que nos sacude y nos penetra hasta la médula, sino también en los pormenores más nimios como, por ejemplo, en la ordenación perfecta de los minúsculos elementos de una fuga. Yo había servido al detalle. ¿Podía hacer otra cosa? Y la “vivencia” del artista que llega al público como si un milagro hiciera su aparición entre truenos y vapores celestes sólo podía convertirse en visión y realidad para otros a condición de que yo, el mediador, el ejecutor, sirviera a los detalles y renunciase a la vivienda total [..] La sala aplaudía, los críticos estaban entusiasmados. Pero aquello no era más que un malentendido terriblemente trágico, pues sólo yo sabía cuánto debía al detalle. [..]No existe camino más desesperado que el conduce a la perfección; cada paso abre perspectivas nuevas sobre lejanías inconmensurables

--

Nunca había oído lo de las pares e impares, don Nrq.
Si se trata de sus conciertos de piano, casualmente los que más me gustan son el 2º y el 4º
Y si se trata de sus sinfonías, después de la novena y varios océanos, mi preferida es la 6ª.

Jujope dijo...

Me encanta Emanuel Ax -otro artista de SONY Classical- interpretando Chopin. Este verano redescubrí el Segundo de Listz, de la mano de Yefim Bronfman. Y, por supuesto, Alicia de Larrocha con el memorable "Noches en los Jardines de España", de Falla.

Me encandila también ese concepto de músico total que define a Barenboim. Sobre Glenn, inolvidables sus Variaciones Goldberg que, curiosamente poseo en formato MiniDisc, de la "Glenn Gould Edition" de SONY. Una rareza (el formato, digo).

Lástima que la dichosa SONY se haya tirado al huerto del pasteleo comercialote de baja estofa.

Nrq dijo...

Pero Artanis, ¿no le pasa a usted lo mismo con ciertas películas? Bueno, y con los libros...

Artanis dijo...

Disculpe, D. NRQ que no haya visto su pregunta hasta este momento.

Sí, con los años he aprendido a volver a disfrutar de ciertos placeres audiiovisuales en soledad -la lectura, siempre fue así, aún rodeado, me abstraía en ella... o búscaba, ciertamente, la soledad e incluso el escenario ideal-.

Hubo un interín en el que compartía ese consumo. Son épocas. Le habrá pasado a vd. La persona que le dice "oye esto...", "para mi quiere decir...", "creo que tú y yo lo escucharemos de la misma manera...", etc...

Para bien o para mal, eso se acaba. Y si uno busca, por ejemplo, un cine freak, es muy complicado de compartir. Aunque lo más complicado es encontrar tiempo. Incluso yo, que me guio por agenda ajena, tengo ese problema.

Louella Parsons dijo...

Don ARTANIS, disfrutar de la lectura o la música en solitario es completamente normal. No siempre apetece hablar, comentar o compartir.
Y no siempre los gustos coinciden, ni los momentos, ni el mood for it....

Lo malo es no poder hacerlo por diferencias culturales.

Conozco algunas parejas con demasiado desfase cultural entre ellas. Y lo triste y curioso es que la parte "inculta" no avanza y la "culta" se deja arrastrar cada vez más hacia el desinterés intelectual.

Artanis dijo...

Dña. Louella, la suscribo de la cruz a la raya...

En cuanto a la convivencia, nada como poder permitirse un "ala Este, ala Oeste"...

O dos apartamentos, a lo Woody Allen. Sirve de mucho cuando uno tiene una hijastra en púber edad...

Louella Parsons dijo...

Dos cuartos de baño, don ARTANIS, es un gran avance.

Artanis dijo...

Recuerdo, Dña. Louella, en un programa de Chéz Herrera en el que llamó un fontanero para chivarse de que un propietario le pagó para instalar dos tazas de wc... una frente a la otra.

Speechless...

Dudo que en Parsons Manor haya algo así...

Jujope dijo...

Doña LOUELLA: lo peor de todo, en las parejas sin aparente desfase cultural, es descubrir un día -por casualidad o porque la pretenciosa se sincera en feisbú o similar, ante un patán- que tu "cultísima divine de la muerte" no sabe hacer la O con un canuto y es una "fake".

Otrosí. Una vez acudí al concurso de una cátedra, en una facul sevillana. El candidato que salió elegido, de dos, era un perfecto ignorante en la materia. Pero consiguió la cátedra poruque cuatro miembros del tribunal se la regalaron para pagar los servicios prestados, que el otro -experto en la materia- no les prestó.

Cuidado con la "Cultureta". Mucha gente va en pareja a la ópera, para que ellas se pavoneen simplemente. Pero en ese procaz ejercicio de falsedad hay mucha más sinceridad que en el seno de muchas parejas aparentemente "simétricas".

Louella Parsons dijo...

¿En Parsons Manor?

Of course not!!! my dear ARTANIS.


Igual (o "lo mismo", como dicen en Madrid) ese propietario venía de ver una peli de Almodóvar.